miércoles, 31 de octubre de 2012

Kaspar Hauser, el enigma de todos nosotros

          Werner Herzog vio por primera vez un coche a los once años, y su primera conversación telefónica se retrasó hasta los diecisiete. Casi al tiempo, se le inoculó el virus del cine, quizá movido por su amistad temprana con el también peculiar Klaus Kinski.
          Los no menos peculiares progres de los 70, tras empacharnos de nouvelle vague y de esteticismo italiano, aterrizamos en el nuevo cine alemán, con el Fassbinder y el Wenders a la cabeza. Y allí nos encontramos con este extraño bávaro y su demencial (o no) Aguirre. Con su autista (o no) Kaspar Hauser.
 
           Aparto la cólera de Dios, y me recreo en el enigma del niño encerrado en un sótano hasta su juventud. Bajo el expresionismo formal, se azota todo el comportamiento de la sociedad burguesa, racional y cuerda,  desmoronada ante la grandiosa simplicidad del insociable muchacho. Al final, el enigma de Kaspar Hauser es el enigma de los demás, de nosotros los "normales" espectadores del circo, el perfecto acta notarial de nuestras miserias.
¿No oís esos espantosos gritos a vuestro alrededor, que comúnmente llaman silencio?...
        Luego, iluminados, los progres de los 70  debatíamos en tortuosos cinefórum. Y decíamos que el raro era Kaspar. 
https://www.youtube.com/watch?v=KO7NuRVGwUI
http://www.biosstars-mx.com/w/werner-herzog/biografia.html

lunes, 29 de octubre de 2012

Profesor de lengua


          Dictaba a sus alumnos de primaria escenas de su propia vida. Los niños copiaban aquellas experiencias del maestro con la dificultad de sus bolígrafos mordidos, y las teñían de faltas de ortografía. Con descaro infantil vestían de hache el amor y restaban el acento a la ilusión. Luego, para corregir el dictado, el maestro escribía las frases correctas sobre el encerado.
            Cuando la clase terminaba, entre un fragor de mochilas y libros rotulados, quedaba –sobre la negra soledad de la pizarra- la huella de una vida perfilada en frases cortas. Apenas, pensaba para sí al abandonar el aula, unas oraciones gramaticales cargadas de recuerdos que ya nada significaban.
           Poco importaba. En la hora siguiente, la joven licenciada en matemáticas, sin leerlas siquiera, borraría con vigor todas aquellas vivencias nebulosas. Con cada brochazo de la bayeta sobre la oscura superficie, la memoria de aquel caduco profesor de lengua iba quedando, y así debía ser, un poco más vacía. 

sábado, 27 de octubre de 2012

ALISON KRAUSS, sobre la hierba azul

                Esta ilinoisiana, virtuosa violinista a los cinco años y poseedora de una timbrada voz de soprano, es el exponente visible del bluegrass, una peculiar variante del country adobada en pizcas de blues y jazz, pero con ese indefinible aroma a humo de hoguera y a primer amor patinando por todas sus músicas y letras.
            Exportadora al mundo de esa hierba azul, que se escarcha en las praderas del Medio Oeste americano, Alison Krauss se apoya desde hace más de veinte años en la banda Union Station, coleccionando Grammys (cerca de 30) y seguidores por todo el planeta.
               Lo dices mejor cuando no dices nada en absoluto, estribillo de su más popular tema, When you say nothing at all, que os cuelgo a continuación. Versión bluegrass, acaso, del famoso Poema 15 de Neruda. Y la voz de Alison, sobre la hierba azul.
https://www.youtube.com/watch?v=_bNfay6HiUo
http://alisonkrauss.com/

miércoles, 24 de octubre de 2012

CASILLAS INVADIDAS


                      Peón tres caballo rey, ocupado por la Organización de Naciones Unidas. Alfil seis torre dama, el Banco Mundial llegó primero. Caballo cuatro alfil rey, terreno copado por la Organización Mundial de la Salud. A la desesperada, dama cinco dama jaque, justo en el ultimátum del Fondo Monetario Internacional. Todas las casillas ocupadas por el enemigo.
                    Mala suerte, me temo que somos mate en tres jugadas. Mejor dejar estas vainas (al fin y al cabo, juegos de guerra donde van cayendo las piezas manejadas por los dedos del poder) y salir a la calle, al bar de los desharrapados. Con suerte, el taburete para acodarse en la barra no estará ocupado por la Unesco.

viernes, 19 de octubre de 2012

Viaje de vuelta

                                                                             A Juan Miguel Arenal, que retornó ayer. 

         
        Había viajado demasiado y, de algún modo, aquella mañana intuyó que era momento de volver. Se dirigió a la puerta de embarque, donde una larga fila de individuos de aspecto cansado se despedían de sus desolados familiares. Cuando llegó su turno en el control de equipajes, al contrario que tantas veces, sintió alivio.
        Con afectada educación, el agente de seguridad le pidió que fuera dejando todos los objetos en la bandeja contigua al arco detector. Poco a poco, empezó a extraer el contenido de bolsos, riñoneras, neceseres. Amontonó también cartas, juguetes, fotografías rancias. Finalmente, vació también los bolsillos. A medida que depositaba aquellos restos inútiles del pasado, se sentía más liviano. Comenzó a desatarse las botas, se quitó la cazadora, anillos y reloj grabado también…
             Siguió así durante un confuso período que le pareció liberador. Varios jirones de un alma en desbandada fueron lo último que depositó ante el escáner. Sonrió hacia dentro. Ahora sí, estaba preparado para volver a casa. Desnudo, como cuando partió.

jueves, 18 de octubre de 2012

Voces distantes, no distintas

                En esta casi primeriza peli de Terence Davies, todo son voces. Las de los protagonistas, en un mosaico de gestos desnudando su miseria, las de la propia cámara, ahondando en los sentimientos sin un orden lineal, la del relato de una época con palabras impostadas... Voces acaso distantes en una propuesta estética arriesgada y emotiva.
           Voces, las que salpican todo el filme, en una grandiosa banda sonora que recorre todos los caminos de la música tradicional, contemporánea o medieval. Voces y ritmos para una época de silencios. Voces que pueden significarse distantes, pero que no resultan distintas a las de cualquiera de nosotros. A nuestras voces, a veces cantarinas y a veces quebradas. Voces distantes, hay que verla. Y por supuesto, oírla.
http://elgabinetedeldoctormabuse.wordpress.com/2012/02/27/voces-distantes-distant-voices-still-lives-1988-de-terence-davies/

martes, 16 de octubre de 2012

De nombres, barajas, y sensuales compañeros de juego


                Hola, me llamo Andrea Smith Abadía, tengo treinta y siete años, y sospecho que mi exprimidor hace solitarios cuando estoy fuera de casa. No me pregunten por qué, pero tengo indicios que lo corroboran, pequeñas briznas de naranja en el siete de bastos, por ejemplo. Me llamo Andrea, ya lo he comentado y, ahora que reparo en ello, eso –al menos- me diferencia de mi exprimidor, que no tiene nombre. Quizá deba ser así, no vamos a tomarnos el trabajo de filiar a todos los electrodomésticos ludópatas. Además, entre jugadores de cartas, nadie hace preguntas de tipo personal. 
                  A lo que iba, me llamo Andrea Smith Abadía, y hoy atraparé al innombrable. Fingiré que salgo a la oficina, como todos los días, pero me quedaré al extremo del  pasillo, esperando que actúe. Vigilaré sin prisa, tengo el día libre, he pretextado una consulta médica en el curro. Escondida junto a la puerta de la cocina, espiaré pacientemente hasta ver como mi exprimidor se dirige a la baraja, sigiloso…
                Entonces, con un movimiento súbito, me haré visible ante su mellada dentadura de plástico. Hola, diré, me llamo Andrea Smith Abadía, tengo treinta y siete años y sé jugar muy bien al black-jack. Me mirará, inseguro, como cualquier delincuente sorprendido en pleno delito. Si quieres, te enseño, insistiré mientras me acerco hasta rozar voluptuosamente su asa blanquecina, hacía tiempo que no tenía nadie con quien jugar. Por cierto, preguntaré con la más seductora de mis sonrisas, ¿tú, cómo te llamas?

sábado, 13 de octubre de 2012

Sé que estás ahí...


 
y sé que estás ahí,
 
entre los múltiples cuerpos
 
que ofrecen cicatrices al olvido,
 
que estás ahí, en la cena desdeñada
 
del microondas de los solitarios,
 
o en las flores marchitas por la ausencia,
 
que estás ahí y que eres siempre tú,
 
sólo tú,
 
más allá de las caras que te invento.
 
 

viernes, 12 de octubre de 2012

LO PRIMERO ES LO PRIMERO (y, a veces, lo único)


         
  Probad a deleitaros con la sexta de Beethowen sin haber cenado 
 (Raimon, entre mecheros, en los años 60)
                                                                                                                                                                    
                             
          Los voluntarios del banco de sentimientos se presentaron a la hora convenida. Debían hacer el reparto gratuito de emociones que era habitual los martes. Llevaban raciones de amistad bien envasada, boles completos con el amor rebosando esperanza, tupper herméticos para conservar la ilusión y el cariño…
            Tuvieron que marcharse, no había nadie esperándolos. En el local contiguo, a reventar de indigentes, los voluntarios del banco de alimentos repartían cocido ese mismo día. Donde va a parar, colega, menuda diferencia, decía un harapiento exvendedor de pisos a su desheredado compañero, mientras le veía caer –con envidioso sentimiento, eso sí- un hilillo de grasa de chorizo por la comisura de los labios.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Omnes de Saba venient

                 Joseph Leopold von Eybler sufrió un  derrame cerebral mientras dirigía el Réquiem de su gran amigo Mozart. Precisamente fue Eybler a quien Constanze, la viuda del genio, había encargado en primer lugar -sin éxito- la conclusión del réquiem tras la muerte del salzburgués.
                 Por curiosidades así, y por la también relación familiar y amistosa que lo unió con su mecenas Haydn, se conoce a este compositor austríaco, especializado en música sacra, y del que se suele recordar habitualmente este Omnes de Saba venient, un gradual magistralmente interpretado, en la versión que cuelgo, por The North Carolina Boys Choir.
                   Para maravillas como ésta, sí, todos venimos de Saba. Aunque sea en autobús.
http://www.youtube.com/watch?v=I3_RFxP1y0E

martes, 9 de octubre de 2012

MUJER VIENDO LA TELE


          Si observáis con detenimiento, veréis la salita con esa mujer sentada en un sofá de piel sintética.  Mira, sin verla, una tele de plasma, cuarenta y dos pulgadas y un presente en HD. Si os acercáis un poco más, discretamente, descubriréis unas levísimas patas de gallo al sur de la memoria, justo al borde de esas bolsas maquilladas en sus ojos ausentes.
          Si tuviéseis la osadía de acercaros más, o si ella os invitara, quién sabe, a asomaros dentro, os aconsejo aguzar bien la vista. En ocasiones, resulta imprescindible una linterna para escudriñar almas. Pese a todo, como es obvio, no encontraríais nada. No os debe sorprender, es una mujer que –dentro de su modestia- sabe cuidarse.
          Esta misma mañana, por ejemplo, le han practicado una cirugía reparadora en los recuerdos más profundos. Va muy bien, al parecer, para prevenir la aparición de brotes molestos en la conciencia. Según decía el folleto publicitario, sus efectos duran de por vida y, precisamente hoy, lo ofertaban con un veinte por ciento de descuento.

sábado, 6 de octubre de 2012

Cita a deshora

         El chófer aparcó el Audi oficial a la puerta del Ayuntamiento, ocultando la señal de prohibido. Descendió primero el guardaespaldas. Cuando le abrieron la puerta trasera y pisó la hilera de cantos puntiagudos, sintió una incómoda sensación. Por un lado, la punzada en el recuerdo de los años fugados. Por otro, cómo negarlo, el temor a que los bajos del traje pudieran mancharse en aquel terreno descarnado.
         Alguien le había citado en el lejano pueblo que acogió su infancia archivada. Aún no sabía qué extraña amenaza le había llevado a aceptar aquel encuentro. En el fondo, deseaba volver al auto blindado y partir en silencio de allí, como hiciera treinta y ocho años atrás. El guardaespaldas le señaló la mesa de un bar sucio, bajo los soportales. Al menos, viajar de incógnito le permitiría, durante unos minutos, esquivar los molestos actos oficiales.
          Allí estaba el muchacho. Lo vio, de súbito, cuando iba a sentarse, mientras el guardaespaldas apartaba con remilgos las sillas más sucias y ajadas. Allí estaba, recostado sobre el muro terroso del bar, con la barba incipiente y ese gesto de perdonavidas que tanto le definía. Portaba todavía la ilusión en el marco de sus ojos, y la sutil inocencia de quienes no han sido aún puestos a prueba. Al hombro cargaba, por supuesto, aquella mochila con las hebillas marrones y un póster del Che.
         Ordenó al chófer que pusiera en marcha el motor. Debía huir de allí rápidamente. El imberbe joven venía hacia él con sonrisa de suficiencia, reflejando un presente de renuncias en las oscuras gafas de mercadillo. El auto arrancó, difuminando en la niebla del olvido el perfil de aquel adolescente que le miraba, retador. Por el retrovisor lo vio un instante, aún, mostrándole su mochila de hebillas marrones. Esa mochila por estrenar, todavía repleta de ideales.

jueves, 4 de octubre de 2012

Mario Meléndez Muñoz, poesía en 3M

PRECAUCIONES DE ÚLTIMA HORA
Debo cuidarme de los gusanos
cuando me entierren
lo más seguro
es que hablen mal de mí
que escupan sobre mis poemas
y orinen las flores frescas
que adornarán mi tumba
llegado sea el caso
que hasta devoren mis huesos
me arranquen los intestinos
o en el colmo de la injusticia
se roben mi diente de oro
y todo esto porque en vida
jamás escribí sobre ellos



Mario Meléndez Muñoz poeta chileno, macerado en México y sedimentado en Italia. Ayer destiló una selección de sus textos en Libertad 8, en Madrid.



TESTAMENTO

Qué irán a decir
las palabras
cuando me muera
seguramente nada
y ése será sin duda
mi mejor poema


Su voz decantó, mientra leía, una tercera dimensión, la desgarrada modulación del verso.

PARA MAYOR SEGURIDAD
Vengan a ver mi poesía
no está hecha de material ligero
aguantará perfectamente el invierno
y en verano refrescará
las mentes y los cuerpos
Hay poderosas vigas entre cada verso
hay listones apuntalando mis palabras
Y si la lluvia desea entrar
pondré mis sueños en el techo
y taparé las goteras
con mi propio dolor


Dejó entre nosotros su poesía en tres emes. Grande, Mario.
http://www.los-poetas.com/m/mario.htm


martes, 2 de octubre de 2012

Junebug, el cerco de las humedades

                Película indie al gusto, con sus hallazgos y sus debilidades marca indie. Podría ser más de lo mismo. Estética deshilachada, guión previsible, montaje de andar por casa. Podría ser más de lo mismo. Choque de culturas en una América del Norte desnortada. Familia en descomposición que trata de tapar las diarias humedades con un encalado de droguería. Miserias en bolsa de papel estraza.

                Podría ser más de lo mismo, pero no lo es. Como no son iguales ninguno de los cercos que quedan en las vidas -las suyas, las nuestras- cuando, tras aflorar la humedad y el desencanto, nos lanzamos inconscientemente a enjalbegarlas. Junebug.
http://www.youtube.com/watch?v=DoWRZ9UJXzY

lunes, 1 de octubre de 2012

Morir en la orilla


            Al llegar a la página doscientos setenta y nueve, Abel Quesada estaba exultante. Se encontraba de excelente humor, la vida le sonreía con blancura de dentífrico, de hoja por escribir, sería más apropiado. Por fin –en el capítulo previo- Abel Quesada había encontrado la felicidad, el esquivo amor que tanto venía buscando durante millares de renglones. La angustia de tiempos pasados parecía desvanecerse ante un futuro prometedor, esta vez habría final feliz.
               El futuro, ese incierto parámetro en la literatura y en la vida. Como personaje de ficción, dependía de su autor, y su autor sufrió un ictus repentino que le impidió culminar la novela. Abel Quesada quedó allí, ante el pavor de la página en blanco que habría sido la doscientos ochenta. Los restantes protagonistas del bestseller, anclados como él en un archivo word que nadie editaría, lo miraban a distancia de líneas con expresión burlona.
            Algunos de ellos sabían, además, que el insigne autor tenía previsto acabar con Abel Quesada por medio de un ictus repentino en el siguiente capítulo. Tanto nadar para morir en la orilla, habría pronunciado el personaje de haber tenido opción a un siguiente párrafo. La crítica siempre había destacado en el autor la ausencia de finales felices.